
Cuando renuncié definitivamente a la pasión carnal por un indeciso músico argentino, se extendió ante mis ojos un inacabable desierto de fastidio y soledad. Tenía treinta y siete años y, confundiendo el amor en general con el amante en particular, había decidido curarme para siempre del vicio del enamoramiento, que a fin de cuentas sólo me había traído complicaciones.
Por fortuna no lo logré del todo, la inclinación quedó latente, como una semilla aplastada bajo dos metros de hielo polar, que brota testaruda a la primera brisa tibia...(...) Han pasado quince años y si me hubieran dicho entonces que llegaría a olvidarlo, jamás lo habría creído, porque estaba segura de haber compartido uno de esos raros amores heroicos que, por su fin trágico, constituyen material de ópera.
Ahora tengo una visión más modesta y espero simplemente que si en una de las curvas del camino vuelvo a encontrarlo, al menos pueda reconocerlo. Esa relación frustrada fue una herida abierta durante más de dos años; estuve literalmente enferma de amor, pero no lo supo nadie, ni mi madre, que me observaba de cerca. Algunas mañanas no tenía fuerzas para salir de la cama, d

TEXTO("PAULA", isabel allende _
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